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Tu ex

Por Tamara Conde

Los exs y las exs… ay. La palabra tan temida para muchas de nosotras y nuestras parejas. Ese ser al que le diste y recibiste amor antes que a la persona actual. Vaya. Porque es que resulta, que nuestra vida no empieza cuando conoces a alguien en concreto… no. Por mucho que las pelis nos hagan creer que sí. Tu vida empieza desde que sales de un agujerito (agujerazo, más bien) y comienzas a respirar.

Tener rencor/rabia/tirria/odio/comoquierasllamarlo a esta persona o que se lo tenga tu pareja actual, es una situación normal en el sistema de relaciones en el cual basamos nuestra idea de amor y todo lo que conlleva.

Todas hemos estado en el rincón de los celos irracionales, así como en el rincón contrario. Todas hemos tenido que dar explicaciones alguna vez, así como también las hemos pedido.
Ese es el amor que aprendemos, comprendemos y vivimos. Un amor en el que los celos y la violencia son, a veces, muestras de cariño y enamoramiento. Dicho así suena chocante, ¿verdad? pero estoy segura de que un poco lo compartes.

Os explico algo muy básico para entenderlo: Nuestro sistema sexo-afectivo es vertical y piramidal, esto quiere decir que en la cúspide se encuentra nuestra pareja actual, y a medida que vamos bajando los escalones, encontramos a nuestras amistades, nuestras familiares… y al final de todo, en la base, a nuestras parejas anteriores.

No deja de sorprenderme la capacidad que tenemos de borrar esos vínculos con nuestras ex parejas, sobre todo, cuando estamos con otra persona. A pesar de que en su momento las quisimos y que, seguramente, con menor intensidad y de manera distinta, las sigamos queriendo hoy. O bueno va, si te da miedo la palabra ‘querer’, también podemos llamarle cariño. ⠀
Asumimos, de manera casi natural que nuestros y nuestras ex quedan en un cajón aparte. Un cajón que no debemos abrir, como si fuese un peligro, una gran amenaza, un factor destructivo, mortal.

“Lo siento, pero ahora estoy con alguien”. Es una frase que he escuchado decir un montón de veces. Se lo he escuchado a amigas, a parejas y a mi me lo han dicho mis exs. Yo también me he visto forzada a dejar de hablar con alguien con quien he estado o con quien me he acostado. A dejar de saber de, a dejar de reírme con, a dejar de confiar en… alguien. Hasta que me di cuenta que la gestión de esa monogamia no me representaba y que es un tumor maligno para las relaciones que forman parte de nuestra red; esa que nos sostiene y que debemos cuidar. Una red que va más allá de nuestras parejas. Y que, aunque estas formen parte y seguramente una muy importante, no es la única… no son un todo. Que nuestra vida no empieza ni acaba con su presencia. 

Obviamente, no todas las relaciones son para siempre. Claro que no. Hay personas que vienen, otras se van, y es saludable aprender eso para no frustrarnos a la primera de cambio. No todas las personas quieren formar parte de nuestra red y no debemos querer que todas lo hagan. Pero no veo motivos para abandonar una relación de amistad (especialmente con un o una ex) solo porque estamos con otra persona.

Creo que es importante darnos cuenta de que un sistema de relaciones más horizontal (y no  hablo de poliamor porque sé que no a todo el mundo le gusta esa idea) es más sólido, más fuerte, más profundo, más duradero.

Este sistema de amor monógamo (romántico) estrangula, no solo individualmente, sino a la pareja en sí, porque la aísla de otras relaciones. Ya pueda haber sexo por medio o no. No importa. Y bueno, si hablamos ya de la parte sexual con nuestros exs, ni te digo. Porque en esta monogamia estricta y restringida se entiende que las ex parejas son siempre vistas como potenciales relaciones sexuales. “Un/a ex siempre será follable”. Y perdona que te diga, pero esta idea es completamente reduccionista, además de que cosifica a las ex parejas, como si no pudiera haber en ellas otro interés que el sexual.

Si compartimos un gran vínculo con una persona en el pasado, lo más lógico es que se siga sintiendo cosas por ella, aunque no sea sexual ni romántico. A veces, esas personas que tanto nos conocen, pueden convertirse en grandes amistades. Si han sido importantes en el pasado, ¿por qué no van a ser importantes en el presente? ¿No es ridículo que solo podamos acercarnos a nuestros y nuestras ex cuando estamos libres? ¿No deberíamos ser siempre libres?

Es importante tener en cuenta que patriarcado, monogamia y capital van de la mano y que interesante, a nivel de sistema y orden, la formación de familias que no se salgan del cuadro normativo porque unidad familiar significa consumo.

Romper la restricción de esa monogamia reductora y represiva es, a mi parecer, una forma de convertir en más fuertes, estables y poderosas no solo las relaciones de pareja, sino todas las relaciones que conforman nuestra red social, todos nuestros vínculos.

De toda nuestra vida.



Tamara Conde