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VIVIENDO EL SEXO CON TOC

Por Paula Moreno Fernández

Hace un año me
diagnosticaron Trastorno Obsesivo Compulsivo y Trastorno de la Ansiedad y para
mí esto supuso una gran tranquilidad en cierto sentido, puesto que comencé a
comprender algunos aspectos de mi personalidad que hasta el momento no lograba
entender. El TOC es considerada por la OMS una de las diversidades funcionales
más frecuentes, de hecho la considera una de las 20 primeras, y bueno… ahora
puedo entender muchas cosas.

Tener relaciones sexuales
en principio no tiene porqué ser complicado para una persona con TOC. No
tenemos limitaciones físicas que nos dificulten el acto en sí. Sin embargo, la
mente puede llegar a jugarnos muy malas pasadas, al menos en mi caso ha sido
así desde que comencé a tener relaciones a los 14 años. Ahora tengo 24 y sigo
teniendo las mismas dificultades, 10 años después.

Existe un inconveniente
muy grande para estar presente en el momento. Es muy complicado apartar de la
mente los pensamientos intrusivos y concentrarte en lo que estas viviendo en
cualquier momento de la vida diaria, pero es especialmente frustrante mientras
mantienes relaciones sexuales con otra persona y no eres capaz de disfrutar
porque estás teniendo veinticinco pensamientos al mismo tiempo. Debido a esto,
aflora un gran sentimiento de culpa porque la persona con la que estás
compartiendo ese momento suele darse cuenta de que no estás presente o de que
no acabas nunca. En mi caso, los pensamientos intrusivos van desde cosas muy
superfluas, como en qué tengo que hacer ese día, hasta lo más grave y que me
genera más ansiedad: pensamientos muy violentos y sangrientos que llego incluso
a visualizar con todo lujo de detalles.

Por ejemplificarlo, puedo
estar manteniendo relaciones con una persona y ver perfectamente como la
lámpara se cae del techo y le abre una brecha en la cabeza, con sangre cayendo
incluida. Evidentemente, en ese momento mis niveles de ansiedad se disparan y
mi cara y actitud lo reflejan, por lo que son muchas las ocasiones en las que
“corto el rollo” sin ni siquiera darme cuenta.

Otras veces el pensamiento
va encaminado a comprobar si todos los fuegos, interruptores y luces de la casa
están apagadas por si hicieran un mal contacto que provocara un incendio. He
llegado a mentir a mis parejas sexuales diciéndoles que necesitaba ir al baño
en mitad del acto cuando lo que en realidad hacía era dar una vuelta rápida por
la casa para quedarme tranquila y volver a lo que estaba haciendo, si es que
era capaz de retomarlo.

Es muy frustrante no poder
controlar este tipo de pensamientos y todo lo que conllevan a nivel físico:
presión en el pecho, sudoración, aceleración del pulso, expresiones faciales
incómodas… Con todo esto no quiero decir que me sea imposible tener relaciones satisfactorias,
estaría mintiendo si lo hiciera. Pero sí es cierto que las veces que no
disfruto todo lo que podría hacerlo es a causa de esto y son un porcentaje
mayor a las veces en las que estoy plenamente presente en el aquí y ahora.

He tenido periodos en los
que he estado mejor gracias a la terapia y a la práctica de Mindfulness que
empecé hace ya cuatro años. Algunas veces es menos intenso y puedo obviarlo
porque tengo ciertas herramientas para hacerlo, pero otras es muy duro soportar
el sentimiento de culpabilidad. No he hablado nunca en terapia de cómo me
afectaba el TOC en el sexo, quizás por vergüenza y mis propios prejuicios al
abordar la sexualidad con naturalidad (algo que estoy deconstruyendo en mi
mente poco a poco), por lo que nunca me han dado herramientas para afrontarlo.
Quizás sea hora de dar el paso.















Nunca he expresado a mis
parejas lo que me ocurre, excepto a mi pareja actual porque me da la suficiente
confianza como para poder hablar del tema. Hace que me sienta respetada y
escuchada, se interesa por saber qué pasa por mi mente y no me juzga si le
confieso que en mi mente he visto cómo lo tiraba por la ventana mientras
hacíamos cualquier práctica sexual. Antes de que él me dijera que era natural y
me comprendía, yo me sentía muy inútil por no poder llegar al orgasmo en el 80%
de las ocasiones por culpa de mi mente. Sigo sintiéndome muy culpable por no
estar concentrada en lo que hago ni dejarme llevar, pero es realmente
complicado poder detener los pensamientos intrusivos y las reacciones
compulsivas que tengo. Sigo trabajando en ello y espero poder adquirir
herramientas que me permitan disfrutar del sexo todo lo que me gustaría a pesar
de que el TOC me acompañe siempre. 

Paula Moreno Fernández

Escuela de Educación Sexual