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Recomendación: Chesil Beach

Por Sara Guerrero

RECOMENDACIÓN NOVELA CHESIL BEACH


Chesil Beach es una novela de poca extensión, pero de muy intensa y de muchas emociones. Habla sobre Florence y Edward, una pareja de jóvenes inexpertos recién casados, situada en los años sesenta, los cuales, debido a la incomunicación por tabúes de la época y convenciones sociales, generan frustración el uno sobre el otro. Sus comportamientos nos hacen apreciar la diferencia en los orígenes familiares de los dos chicos, así como la poca libertad y escaso conocimiento sexual de esos tiempos.


Toda la novela transcurre en la noche de bodas en un hotel junto a Chesil Beach, con muchos flashbacks que nos llevan a la infancia de los protagonistas y sus estudios, conociendo así a sus familias. Las descripciones son tan lentas y extensas que dan ganas de meter la cámara rápida para averiguar qué acaba pasando.


Estos jóvenes vírgenes, vivían en un tiempo donde la conversación sobre dificultades sexuales era claramente imposible. Ellos estaban locos por casarse, ya que asociaban eso a “liberarse de la juventud interminable”, ser joven era un obstáculo social, un signo de insignificancia cuya curación iniciaba en el matrimonio. El objetivo era la liberación. Creían saberlo todo sobre la vida, pero en realidad, no sabían nada. Edward ya había intentado mantener contacto físico con Florence antes de casarse, pero obstáculos como la familia de Florence y su actitud lo impedían, pero pensaba que, al casarse con ella, todas aquellas respuestas evitativas de Florence cesarían.


En su noche de bodas pondrían su madurez a prueba por lo que tenían miedo al fracaso y una gran ansia de éxtasis. Ella sufría un temor horrible a la penetración que le causaba náuseas y mareos, mientras que el sufría simplemente los nervios convencionales de la primera noche. Sin embargo, Florence le decía que estaba asustada, no era capaz de admitir que la situación le producía asco. Para ella, el sexo con Edward no sería placentero, pero era el precio que tenía que pagar para conseguir lo que quería. Al decidir casarse, había dado su consentimiento a exactamente aquello, había convenido en que era lo correcto hacerlo y que se lo hicieran.


Tras el matrimonio, Florence seguía con la misma actitud, por lo que Edward empezó a asimilar que a Florence no le gustaba esa cercanía física y que realmente él no le interesaba, notaba la falta de deseo de ella. Él pensaba que ella “quería un marido para disponer de una fachada respetable, o por complacer a sus padres o porque era lo que hacían todas, pero que no lo amaba, por lo que era deshonesta.” Ella pensaba que estaba sometida, porque cada vez que cedía a darle un beso, él espera algo más y ella lo defrauda por decir que no. Pero no querer mantener relaciones con él, no significaba que no lo amase, ella era feliz con él.


Florence se sentía sola ante un problema que no sabía cómo abordar. Era una experta en ocultar sus sentimientos a su familia, evitaba siempre exteriorizar lo que sentía y más tarde se alegraba de no haber dicho nada ni haber herido a su familia, de lo contrario, la culpa la tendría desvelada toda la noche. Se encerraba en el silencio por miedo a hacer daño a las personas que tanto quería, y si a eso le sumas que su familia era demasiado anticuada, era inviable mantener una conversación sobre sus problemas sexuales. Lo mismo le pasaba con sus amigas, y por supuesto con Edward.


Esta enorme falta de comunicación Edward no la entendía, pensaba que el problema de Florence era timidez, pero la reticencia de ella convenia a la ignorancia y la inseguridad de él.


Este problema se hizo permanente en la nueva experiencia de la pareja que acabo por estallar en una discusión en la que ella le dijo que cada vez que se acercaba a él para besarlo, tocarla o ir más allá le parecía repugnante e intimidante, que para ella el sexo no era una necesidad que tenía en la vida y él le dijo que le creaba rechazo su actitud. Se querían, ninguno de los dos lo dudaba, ella era feliz con él, pero se sentía forzada con el sexo. Florence le propuso una relación libre, fuera de normas y principios en la que él pudiera tener sexo con otras chicas y ella lo entendería y lo amaría igual, pero, para Edward, esta forma de vida le parecía insultante, reaccionó de una manera violenta, se separaron y nunca más volvieron a verse a pesar de que se amaban, rehicieron sus vidas sin interponerse.


El lenguaje y la practica terapéutica, el intercambio de sentimientos prontamente compartidos, mutuamente analizados, no eran propios de la época ni de difusión general, sino, supondrían que Florence padecía alguna anomalía y estarían en lo cierto. Este romance enfrentado a la renuncia al sexo por parte de ella acaba provocando un desastre sentimental que destroza la relación.


Hablar de sexualidad en esa época no estaba muy bien visto, por lo que creaban sujetos reprimidos y cohibidos por no poder transmitir lo que sentían, hablar de algo tan natural como es la sexualidad humana. La falta de comunicación es un arma destructiva que puede acabar con relaciones de verdadero amor. Pero, en esa época no contaban con la libertad de pensamiento y expresión sexual, ni con la gran variedad de profesionales especializados en problemas sexuales o terapia de pareja, y si a eso le sumas las convenciones sociales de la época, la poca información y el poco apoyo familiar en estos temas, la respuesta clara sería la actitud de los protagonistas.


Mientras que hablar de sexualidad es hablar del descubrimiento de nosotros mismos y la relación corporal ha de ser una relación privilegiada y placentera, y no solo con el fin de procreación como pensaba Florence. La mala comunicación en la pareja puede traer graves problemas, uno de ellos es la falta de entendimiento sexual. Las disfunciones sexuales afectan a un gran número de personas, poder hablar sobre ellas, tratarlas y entenderlas son la clave para superar el problema y fortalecer así, el vínculo amoroso de la pareja y su estabilidad.



SARA GUERRERO


Sara Guerrero

Escuela Educación Sexual Explícita