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El mundo vulvacéntrico

Por Alba Tello Garcia

El mundo vulvacéntrico



 



En nuestra sociedad tenemos muy asumido el modelo
patriarcal que nos construye y que construimos viviendo. Se escuchan incluso
algunos discursos no solo pretenden perpetuarlos si no que niegan la
posibilidad de que las cosas fueran diferentes. Sin embargo, nosotros no
estamos tan seguros.



 



Creación del patriarcado.



Algunas hipótesis de la creación del patriarcado,
lo asocian a la aparición de la agricultura. Cuando aparece la agricultura y la
ganadería las personas necesitan invertir tiempo cultivando y cuidando a los
animales, por lo que necesitaban controlar las relaciones sexuales para
no invertir demasiado tiempo en ellas. También apareció la propiedad privada,
yo cultivo y cuido mis pertenencias, y con ella las luchas y más
adelante las guerras para protegerlas. Puesto que los hombres habían adquirido
una complexión más fuerte (herencia filogenética adquirida de nuestra evolución
desde simios y del reparto de tareas en las comunidades) fueron ellos los
destinados para esta labor. Hay que tener en cuenta que a nivel biológico la
exposición al riesgo es tomada en las especies sexuadas por el macho, ya que
sus gametos no son tan valiosos (ni en cuanto a cantidad ni en cuenta a
energía). Más allá del papel que cumple la violencia sexual en todas las
guerras (tanto primitivas como actuales), la mujer empezó a perder el poder
debido a que no maneja las armas y no participaba tan activamente de la
violencia. De este modo se empezó a reprimir a la mujer por dos razones
concretas, en primer lugar, si necesitas reprimir el sexo reprimes a la mujer
por su gran capacidad sexual. En segundo lugar, la mujer perdió su lugar de
poder al no ser activa en la guerra y se relevó su importancia a una
pertenencia por su capacidad procreadora (utilizando está también para ejercer
violencia y poder). En resumen, todo lo que se asocia a la feminidad, no solo
ha quedado rebajado en el sistema de poder, si no que se convierte en una vía para
ejercer violencia.



 



Sociedades matriarcales



Aún quedan en el mundo sociedades que mantienen la tradición
matrilineal.
Encontramos en estas comunidades unas características
particulares. En cuanto a su ecosistema, suelen ser sociedades que se
encuentran aisladas y protegidas por el ecosistema. En cuanto a su organización
como hemos nombrado encontramos matriarcados, donde las mujeres suelen tener el
papel más activo en la política de la sociedad, la cultura está muy ligada a
las mujeres, se observan incluso adoración a los genitales femeninos y
en algunas culturas preocupación por cumplir ciertas “medidas” en los labios de
la vulva. Además, encontramos que por norma general son sociedades pacíficas
y donde la sexualidad es bastante libre, es decir encontramos que las
sociedades que tienen un nivel de apego positivo, donde se prima el
contacto positivo entre las personas, no se generan los niveles de agresividad
y violencia como los que podemos observar en nuestra sociedad o en otras
sociedades más masculinizadas. En algunas de ellas, según recogen los
investigadores, se dice que no hay diferencias en las personalidades de hombres
y mujeres.



 



Cómo imaginamos grandes sociedades vulvacentristas



Nos ponemos a imaginar y lo primero que nos viene a
la mente es la consistente disminución de violencia. Como pasa en las
comunidades matrilineales. Seguramente se procurarían pequeñas sociedades no
muy alejadas entre sí que se organizan de forma mucho más comunitaria,
contando con muchos espacios compartidos y de crianza. La crianza como también
observamos en otras sociedades es una crianza compartida, los hijos son
de la comunidad y toda la comunidad se responsabiliza de su cuidado y les
ofrece figuras de apego. Desvinculando a la crianza de esa sensación de
posesión, muchas veces experimentada en nuestra sociedad por las formas de
violencia que sufren las madres, consigues una red de figuras de apoyo que
fomentan el crecimiento sano del bebe y de los peques. A partir de aquí
contamos con peques ya formados en igualdad (ya que se crían es una verdadera
igualdad) y en el respeto, gracias a la diversidad de figuras de apego. Al
darse la mayor parte de las violencias de nuestra sociedad producidas
por dos cosas. La mala gestión emocional por falta de educación en la
misma, se deduce que el miedo generalmente se reduce al estar primero en una
sociedad soporte y segundo tener figuras de apego seguras que sostienen las
emociones y que ayuden en el manejo de las emociones propias. Y por los problemas
que derivan de la propiedad
como significado de valía o como sustento de
las necesidades, como las necesidades (que principalmente en el ser humano son
sociales) se encuentran satisfechas de manera comunitaria y se convive desde la
creencia igualitaria y la agencia personal, dicha propiedad queda relegada a la
categoría que le pertenece, la de menor importancia.



También viviríamos otro gran cambio que aliviaría
el sufrimiento social, que es la ruptura de la estructura de poder
utilizada para obtener privilegios. El poder es algo que el ser humano maneja
durante toda la vida, pero diferenciemos entre tener poder (una madre
tiene poder sobre sus hijos por ser la figura que es) y ejercer poder
(cuando una figura que debería ser tu análoga utiliza estrategias de
sometimiento mediante el poder para obtener beneficios). Es decir, claro que
hay estructura de poder en una sociedad matriarcal sin embargo al poner en
valor las necesidades reales, este poder no es ejercido u instrumentalizado
para generar desigualdad. Esto daría lugar claramente a la ruptura de la
opresión y la mayor inclusión de la diversidad, lo que aportaría un gran
crecimiento a la cultura y a la sociedad
. Y una ruptura de los roles
rígidos
que tratan de mantener los comportamientos en beneficio de dicho
sistema de poder instrumentalizado. 

Alba Tello Garcia

Escuela de Educación sexual