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RECOMENDACIÓN MEDITACIÓN ERÓTICA

Por Milagros Caballero

RECOMENDACIÓN MEDITACIÓN ERÓTICA

Aquí y ahora. Respira.

Cierra los ojos. Siente.

Abraza las sensaciones. Aquí y ahora.

Nota como los dedos finalizan tus brazos, nota su peso, nota las yemas rozando el aire, casi imperceptible. 

Acaricia la atmósfera, tu atmósfera. Inspira.

Siente cómo el aire, frío, se introduce por tus aletas nasales. Cómo se llenan los alveolos, cómo el oxígeno alimenta tu sangre. Cómo se agota, cómo se cambia por dióxido de carbono e invade, de nuevo tus pulmones. Expira.

Siente ahora el aire caliente, saliendo, aliviando, quitando presión a tu pecho. Cómo tu cuerpo vuelve de nuevo a pedirte otra bocanada. Huele.

Huele tu cuerpo, tu aire, huele tu aliento que llega desde dentro, huele la estancia, huele esa vela que está en la esquina de la sala. Huele el suelo de fuera, mojado, después de la lluvia.

Huele ese perfume que ni recuerdas cuándo te probaste. Ni te importa. Porque ahora estás oliendo. Oliendo el presente. Oliendo la vida. Oliendo tu pelo, mojado tras la ducha. Oliendo el champú. Saborea.

Saborea tu saliva, tus dientes. Saborea el dentífrico que ha quedado en los huecos interdentales.

Saborea el hierro de la sangre que a veces sale de tus encías. Saborea el aire que antes olías.

Toca.

Toca tus dedos pulgares con los índices, toca las yemas, siente ese cayo que tienes en el dedo corazón, y entonces, recuerdas cómo te lo haces, cada vez que te muerdes, nerviosa, porque no sabes cómo estar en el presente, y piensas en aquella vez, que te lo mordiste tan fuerte que te hiciste daño.

Vuelve.

Trae de nuevo tu mente al aquí, al ahora. Vuelve.

Toca de nuevo. Toca con las plantas de tus pies tus isquiones, siente el glúteo presionando sobre ellas, siente esa tensión en el tobillo, ese estiramiento que el loto provoca. Siente la piel de tus rodillas, tersa. Siente el pantalón sobre tus muslos, siente ese leve apretar del elástico en tus caderas. Siente ese dolor suave que brota de tu ovario derecho. Siente tu ovulación. Siente el flujo abandonando tu vagina. Siente la ropa interior acariciando tus labios. Siente ese calor que comienza a brotar cuando notas que estás sintiendo. Siente tus músculos internos contrayéndose. Ciérralos, ábrelos. Siente cómo al abrirlos tu abdomen se activa.

Sube tu dedo, imaginario. Por tu cintura, por tu línea alba, hasta el pecho. Hasta el centro del esternón donde notas esa pequeña hendidura. Imagina que la aprietas, que la tocas, recuerda esa sensación, tan diferente. Tal vez desagradable. Pero diferente.

Para.

Con tus dedos, esta vez.

Acaricia ese pliegue que forman al caer los pechos, al juntarse, siente ese cosquilleo al acariciarlo, siente cómo se erizan los vellos.

Acércate al centro. Investiga las rugosidades, tu areola, esos pequeños nacimientos velludos que están alrededor. Nota el dedo en el pecho, el pecho en el dedo. Tócate. Siéntete.

Aquí y ahora. Llega hasta el pezón y adéntrate en el placer. Solamente en el placer que tú misma te estás produciendo. Respira.

Nota tu aliento, agitado, tu pecho, elevándose, tus caderas, subiendo. Tu vagina, humedeciéndose, calentándose, abriéndose. Repara, en tu pecho elevándose al son de tu respiración.

Toca tus costillas, acaricia y siente cada hendidura, cada surco, cada dureza ósea. Siente el dolor muscular de las agujetas que te provocaste al hacer abdominales, siente ese placer que el mismo dolor te hace sentir, al soltar, al liberar las endorfinas que tu cerebro envía para aliviarlo.





MILAGROS CABALLERO

Milagros Caballero

Escuela Educación Sexual