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Masturbación

Por Laura de Lera

¿Es necesario masturbarse?



Esta es una pregunta que me han hecho varias veces. Todas las personas que preguntaban eran mujeres.



Hoy tengo la oportunidad de responderla a personas que, quizá, no se han atrevido a preguntar. También a otras que ni se lo habían planteado. Para empezar, la palabra necesario, ya de por sí es subjetiva. Cada persona necesita unas cosas. Y estas necesidades no son estáticas, van cambiando en función de nuestro desarrollo, estado de ánimo, oportunidades, ambiciones, etc. Pero aquí no estamos para echar balones fuera ni hablar con medias tintas.

Así que, con vuestro permiso, voy a reformular la pregunta; ¿Es necesario masturbarse para conocerse a fondo sexualmente? Te diría que sí. Y te explico por qué.

Podemos recurrir a la masturbación por diversas causas; relajarnos, atenuar dolor, divertirnos, excitar a alguien, o para aliviar el calentón. ¡Hay tantas! Pero hoy quiero tratar contigo el tipo de masturbación que da sentido a mi respuesta anterior, la masturbación consciente. Partamos de la base de que la sexualidad es una parte innata y fundamental del ser humano. Dependiendo de la atención que le prestemos, va a generar consecuencias a diversos niveles; fisiológico, psicológico, emocional, social y también, individual. Me encantaría equivocarme, pero diría que te han ayudado más bien poco a conocer y a relacionarte con tu sexualidad a lo largo de tu vida. Si estás aquí leyéndome es porque has tomado la decisión voluntaria de aprender sobre ella, así que quiero darte la enhorabuena.


Hacer cualquier cosa de manera consciente supone que adquieras la capacidad de focalizar tu atención en aquello que deseas en ese preciso momento, silenciar los distractores para vivir la experiencia de una manera más pura, menos distorsionada. No te voy a engañar, para algunas personas esto no es tarea fácil. Yo estoy entre ellas.



Mi consejo en este caso es focalizar la atención consciente en tareas que no supongan mucho esfuerzo y resulten atractivas de por sí. ¿Y qué mejor actividad hay que conocerte y proporcionarte placer? Quizá en la infancia, por casualidad, descubriste que tocándote en ciertos puntos te la gozabas.  Y es posible también, que cuando te viera algún adulto te dijera que eso no se hacía, que estaba mal. Sin tú saberlo interiorizaste ese mensaje.  Mi propósito es que hoy te lo replantees, si aún no lo has hecho.



Como ya te he dicho, podemos obtener muchísimos beneficios de la masturbación, pero para aprovecharlos necesitamos conocer cara a cara a nuestro yo sexual. Aquel que, en mayor o menor medida, se ha pasado mucho tiempo cubierto con una manta tejida con tabúes y falta de información. Vamos a destaparlo, tienes las herramientas al alcance de tu mano (nunca mejor dicho). Para practicar la masturbación consciente es necesario que cuentes con un espacio que te resulte cómodo y tiempo para dedicártelo a ti, solo a ti. Es un proceso de ensayo-error, en el que cada “sesión” te va a aportar información de aquello que te funciona, de qué no y de qué te hace tocar el cielo. Vas a saber lo que es explotar en mil pedazos para volver a reconstruirte en una versión mejorada.


Estás investigando, así que prueba. Pero mantén la atención para no perderte ningún detalle. Puedes probar a acompañarte de estímulos externos que te enciendan, como ponerte una peli en la que veas follando o masturbándose a otras personas o también leer un relato erótico. Utilizar juguetes, disfrutarlos por todo tu cuerpo, mientras este reacciona al placer. Ponlo a prueba, fíjate en tu respiración, en como aumentan de tamaño tus genitales, tócalos y siéntelos. Pon atención en tus pensamientos, ignora aquellos que puedan esperar, que no tengan relevancia aquí y ahora. Porque aquí y ahora estás tú, a solas, disfrutándote en una intimidad muy reveladora. Prueba a ponerte delante de un espejo, mira tu cara, tu expresión, tu cuerpo. Despréndete de toda tela que te cubra.

Ahí estás tú.




Acaríciate, aráñate o muérdete.



Como dice Kase O., recorre todo tu perímetro. Centímetro a centímetro.

Laura de Lera

sexología