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La miseria sexual en Marruecos: Recomendación

Por Natalia Hilario De La Cruz

Con la publicación de “Sexo y mentiras: La vida sexual en Marruecos”, Leila Slimani quiso que se escuchara la realidad de la sexualidad vivida en este país, una que resulta ser más compleja y dolorosa de lo que le quieren hacer creer a sus habitantes. A través de las historias de varias mujeres marroquíes que Slimani entrevista, esta autora da cuenta de lo complejo que les ha sido a muchxs encarnar sus sexualidades mientras humaniza dichos relatos al recurrir a sus propias palabras cada vez que estas compartían sus experiencias con ella y, a su vez, con el resto del mundo que las lee. Además, hace un extenso recorrido del marco legal en este país para esbozar una clara imagen de los perjuicios que este ejerce sobre el desarrollo sexual de la población en general, pero sobre todo, de lxs jóvenes. 


Para comenzar nos describe cómo, si se cumpliera la ley tal y como se transmite, habría que considerar que todxs lxs solterxs de Marruecos son vírgenes, que unxs jóvenes que representan más de la mitad de dicha población nunca han tenido relaciones sexuales, que lxs amantes que no están casadxs, los hombres y mujeres homosexuales, las personas que ejercen la prostitución, todas estas personas no existirían. Nos exhorta a pensar en que si creyéramos los discursos de las figuras más conservadoras quienes se empeñan en defender una identidad marroquí que es más un mito que una realidad, Marruecos sería un país de conducta irreprochable que debe protegerse de la decadencia occidental y del liberalismo de sus élites. Abunda al respecto al explicarnos que la “fornicación”, o zina, queda prohibida por ley lo cual no la hace un simple mandato de carácter moral: 


“El artículo 490 del Código Penal contempla una pena de cárcel de un mes a un año para todas las personas de sexo diferente que sin estar unidas por el vínculo del matrimonio tengan entre sí relaciones sexuales.” (Slimani, 2018, pags. 18-19).



Portada del libro “Sexo y mentiras” 


En la actualidad, algunxs militantes feministas y defensorxs de los derechos individuales se han atrevido a afirmar la necesidad de derogar este artículo en la esfera pública. Además, algunxs participantes del movimiento 20 de Febrero han incluido la despenalización de las relaciones sexuales entre sus reclamos y el movimiento alternativo por las libertades individuales, MALI, aún continúa su lucha en este ámbito y en el de los derechos para el colectivo LGBT+. Según el artículo 489 “toda conducta licenciosa o contra natura entre dos personas del mismo sexo será castigada con una pena de seis meses a tres años de prisión.” 


En un país en el que el aborto es ilegal, salvo en los casos de violación, de graves malformaciones en el feto o de incesto, y en el que “toda persona casada que cometa adulterio” se expone a dos años de cárcel, como establece el artículo 491, las situaciones que representan una amenaza contundente para el bienestar individual de lxs marroquíxs toman lugar a diario aunque no se vean, ni se comenten. Slimani nos demuestra cómo esto explica que las víctimas de esas tragedias íntimas sientan que están viviendo en una sociedad hipócrita que les juzga y les rechaza constantemente.


El nuevo Código de la Familia, promulgado en el 2004, permite declarar a lxs hijxs nacidxs fuera del matrimonio pero si los padres no les reconocen las madres se ven obligadas a elegir un nombre para ellxs que comience con el epíteto Abd y como apellido alguno que escoja de una lista que se les presente. Al ser hijxs de un padre desconocido, estxs niñxs se convierten en víctimas de la exclusión social y económica que se reproduce en múltiples aspectos de lo cotidiano y, de esta manera, estas prácticas son reconocidas como una costumbre. Para evitar que sean marginadas y que las detengan por tener una relación extramatrimonial, cientos de mujeres abandonan a lxs hijxs concebidxs en la ilegalidad. Según la Asociación Insaf, solo en el año 2010 hubo una media de 24 bebés abandonadxs diariamente, es decir, de 8,000 a 9,000 infantes al año sin identidad, por no hablar de los cadáveres que se encuentran en los contenedores de basura.


Para ahondar en las raíces culturales de estas medidas jurídicas, detalla que al estar idealizada, mitificada inclusive, la virginidad ha sido un objeto de preocupación colectiva en lugar de ser considerada como una cuestión de orden privado. Slimani afirma que la elección presentada a lxs adolescentes (a las chicas en particular) de tener relaciones sexuales antes del matrimonio o no no se puede comparar con la que se plantea a lxs que se encuentran en algunas partes del Occidente porque en Marruecos se convierte en una opción politizada. Esto se debe a que, al perder la virginidad, las jóvenes caen en la ilegalidad por razones como las que pudimos ver previamente. Por ende, la fabricación de la virginidad se ha convertido en una oportunidad económica a ser explotada para lxs cirujanxs que practican decenas de himenoplastias al día y para los laboratorios que comercializan membranas falsas diseñadas para sangrar en el día del coito después del matrimonio.


En este contexto, los asuntos relacionados con las costumbres o con las libertades individuales y sexuales ocupan cada vez más espacio en los medios de comunicación e incitan a la opinión pública. Un ejemplo de esto es que a principios del 2015 el debate generado en torno al aborto ponía de manifiesto la indesición con la que se tiende a actuar en este ámbito. Hasta ese año, el artículo 449 del Código Penal castigaba con una pena de uno a cinco años de cárcel y una multa de 200 a 500 dírhams (18 a 45 euros) a toda persona que hubiera provocado, o intentado provocar, un aborto con o sin el consentimiento de la persona interesada. El artículo 454 castigaba a cualquier persona gestante que se hubiera realizado un aborto con penas de seis meses a dos años de cárcel. Por último, el artículo 455 condenaba a lxs cómplices de un aborto a una pena de dos meses a dos años de cárcel, sobre todo a lxs intermediarixs o vendedorxs de productos abortivos.


Según la AMLAC (Asociación marroquí de lucha contra el aborto clandestino), se practican cerca de 600 abortos clandestinos al día y cientos de personas gestantes mueren en condiciones atroces. Lxs médicxs y militantes de las ONG llevan años realizando una labor exorbitante para difundir estas cifras estadísticas que resultan ser verdaderamente aterradoras. Bajo los auspicios del rey Mohamed VI, un grupo de médicxs, psiquiatras, autoridades religiosas, militantes asiciativxs y responsables políticxs se reunió en febrero del 2015 para abordar esta problemática mientras se respetaba la ley islámica. Sin embargo, el marco legal de la interrupción voluntaria del embarazo solo fue ampliado para que esta sea permitida bajo las circunstancias antes especificadas (en los casos de violación, incestos y graves malformaciones del feto).


Para Slimani el enfoque de este debate recayó sobre el aspecto de la salud mientras se obvió la cuestión de la libertad sexual y del derecho de las personas a decidir sobre sus cuerpos. Una de las figuras que se destacó en estas conversaciones es el profesor Chafik Chraibi, uno de los máximos exponentes de esta lucha, quien ha hecho una gran contribución al ayudar a mediatizar esta problemática. Al respecto dijo lo siguiente: “No se trata solo de un problema médico. Los abortos mal hechos, las septicemias, las infecciones, los suicidios, los crímenes de honor, los abandonos de recién nacidxs y los infanticidios son un auténtico problema para la sociedad maroquí, que debemos resolver de una vez por todas”. A esto Slimani añadió que la idea de legalizar el aborto parece imposible en un país en donde las relaciones extramatrimoniales no son legales ya que una mujer podría abortar de manera legal para que luego fuese llevada presa si el feto fue concebido fuera del matrimonio.




Sin embargo, considera injusto declarar que la sociedad marroquí tiene una naturaleza más puritana que la de cualquier otra nación. La ternura y la seducción aún se valoran en la cultura popular a pesar de que, desde hace unos treinta años, la influencia de lo que Slimani llama “un islam sin alma” las ha diseminado. De hecho, establece que durante mucho tiempo las culturas islámicas fueron reconocidas por su sensualidad y su erotismo. Lxs musulmanes cuentan con una larga tradición escrita en la que no existe una incompatibilidad entre las necesidades del cuerpo y las exigencias de la fe.


La literatura y el arte eróticos florecieron en el periodo que se extiende desde el siglo IX al XIII, momento en que las naciones islámicas se encontraban en pleno apogeo. En su obra titulada “L’Érotisme arabe”, Malek Chebel plantea que la sexualidad era considerada como una fuente de equilibrio y de plenitud para los seres humanos porque se reconocía que el sexo tiene otros fines además de la reproducción como el goce y el orgasmo. En “El amor en los países musulmanes” de Fátima Mernissi, ella nos habla sobre cuán basta fue la vida sexual del profeta Mohamed al contrastar las concepciones del deseo que se han desarrollado desde el cristianismo y el islam. Otras publicaciones que son recomendadas en este libro incluyen “La Sexualite en Islam” de Abdelwahab Bouhdiba, al igual las de Shereen El Feki y Assia Djebar.


El declive intelectual, político y económico del mundo árabe que ocurrió a partir del siglo XIX parece coincidir con la visión puritana a la que se le asocia en la actualidad. Una parte del proceso de colonización que tomó lugar durante el siglo XX fue la imposición de varias leyes sumamente restrictivas en cuanto al ámbito de la sexualidad. Slimani reafirma que fueron creadas con el propósito de establecer una barrera entre los occidentales y las mujeres indígenas que serviría para contener “la sexualidad desenfrenada” de lxs locales. 




El artículo 489, por ejemplo, es una copia exacta del antiguo artículo 331 del Código Penal francés que se derogó en 1982. El islamismo que nació durante esta misma época consideraba que la derrota del mundo árabe a manos del europeo se debía a la libertad sexual que se disfrutaba antes de este acontecimiento por lo cual la libertad de la sexualidad femenina, la homosexualidad y el amor libre se han antagonizado fervientemente desde entonces. Hace sentido, entonces, que el modo de vida occidental se perciba como otra forma de colonización encubierta a pesar de que no siempre lo sea.


En noviembre de 2014, un sondeo realizado por el seminario Telquel reveló el conservadurismo de la sociedad marroquí con respecto a la sexualidad al demostrar que el 84% de lxs encuestadxs no estaba a favor de la libertad sexual y el 83% se mostraba en contra de la tolerancia en cuanto a la homosexualidad. Las mujeres resultaron ser aún más conservadoras debido a que un 90% de las mujeres entrevistadas se oponía a la libertad sexual mientras que tan solo un 78% de los hombres entrevistados compartía esta opinión. A pesar de este dato, la última encuesta llevada a cabo por el ministerio de Sanidad antes del 2018 revela que el 56% de lxs jóvenes que se encontraban entre las edades de 15 y 24 años practicaban el sexo sin penetración mientras que el 25% lo practicaba con penetración.


Por último, todos estos datos aluden a uno de los conceptos que más resonó con mi experiencia siendo de una isla en medio del Caribe, uno de los muchos rincones que son catalogados como el “Tercer Mundo” ante el ojo occidental al igual que Marruecos. El mismo es la miseria sexual, aportado por el sociólogo y profesor Abdessaman Dialmy, quien lo describe de la siguiente manera: 


Es claramente una sexualidad multirriesgo: riesgo social y sanitario, riesgo de embarazo, de pérdida de himen, de verse sorprendidos por la policía y detenidos, y riesgo, por supuesto, de agresión. El Estado se ha visto forzado a considerar solo un riesgo: el sida. Y delega su gestión en las asociaciones, ya que los más afectados son los homosexuales y las prostitutas, que de entrada viven en la ilegalidad.

[...]

La de los jóvenes es una sexualidad robada. Y lo que se roba es miserable. No te puedes sentir bien si tienes miedo, culpabilidad. Es lo que se llama “miseria sexual” (Slimani, 2018, pags. 160-161).


Natalia Hilario De La Cruz

Escuela de Educación Sexual Explícita